martes, 1 de septiembre de 2015

[Fan Fic´s] BREATH.

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Nombre Original: BREATH.
Autor/a: SLOAN PARKER.
Basado en: NARUTO.
Adaptación de: CIEL RITSU.
Pareja: NARUTO X SASUKE.
Genero: YAOI, DRAMA, SUSPENSO.
Estado: ACTIVO.
Capítulos en total34.
Pagina de la adaptadora: Amor Yaoi
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BREATH 
Capitulo 3: Visita "Familiar".

Sasuke golpeó el timbre de la puerta con el puño. ¿En qué estaban pensando ellos? ¿En la mitad del maldito día? ¿No podían haber esperado hasta después de la cena? 


Su jefe no estaba muy contento cuando él le había dicho que tenía que tomarse la tarde libre. No era como que hubiera tenido el trabajo desde hace tanto tiempo. Él no podría perdonarse a sí mismo si perdiera otro. Tampoco podía perdonar a sus padres o a los Hyuuga. 

¿Necesitaban ir de nuevo allí? Todo por la promesa que él le había hecho a su esposa en el funeral. Cómo iba a poder celebrar su vida estando de pie sobre ella… 

La puerta se abrió. 

—Llegas tarde. —Su mamá lo agarró del brazo y lo arrastró al interior. La fuerza de su acción no se ajustaba a su pequeña estatura o a su falda de color rosa a juego con una chaqueta. Sus uñas con manicura se enterraron en su manga mientras ella empujaba la puerta para cerrarla. ¿Por qué era ella la que estaba abriendo la puerta de todos modos? Esa no era su casa. 

Él encogió el brazo, quitándoselo a ella. 

— También me alegro de verte, mamá. 

Ella le enderezó el cuello de su camisa y alisó la tela sobre sus hombros. Sus labios fruncidos demostraban que no estaba satisfecha con lo que había elegido para vestir. 

—Incluso tu hermano, ya está aquí. —Ella arrastró a Sasuke en un fuerte abrazo, casi ahogándolo entonces le dijo—: ¿No tuviste tiempo para cortarte el cabello? ¿Qué van a pensar los Hyuuga? 

Sasuke se apartó de ella. Él sólo había aceptado ir al cementerio con ellos porque habían amado a Hinata, y el aniversario del día de su muerte no lo podía lastimar más que cualquier otro día sin ella. ¿O podría? 

Tal vez, ya que tenía que pasarlo con su familia. 

Entró en la sala de estar de sus suegros, con la esperanza de poder caminar hacia un asiento junto a su hermano. No estaba a la vista. «Genial». Sasuke odiaba esta parte —el tener que estar a solas con ellos. 

Hikaru y Hiashi Hyuuga se sentaron en un sofá a su derecha. Hikaru sonrió en señal de saludo, pero la expresión no alcanzó sus ojos. Odiaba mirarla. Ella era tan hermosa como su hija lo había sido, a pesar de sus diferencias tanto en personalidad, como en el dinero disponible para gastar en ropa y accesorios. 


Hiashi Hyuuga también era hermoso, si un hombre de su tamaño podría ser llamado de esa forma. En su aspecto personal era como cualquier mujer que Sasuke había conocido. Nunca una cana a la vista, ni un poco de barba en su rostro, ni un solo pelo entre las cejas. Hinata había bromeado con el hecho de que ese hombre pasaba más tiempo arreglándose que su madre y ella juntas. Sasuke casi se echó a reír cuando le dio al hombre una inclinación de cabeza, pero se contuvo. No había ninguna explicación para su risa... no hoy. 

Hiashi gruñó su saludo desde el sofá. Estando de pie cerca del hombre, Sasuke siempre se sentía insignificante y sin importancia, incluso si Hiashi seguía sentado. Como ex línea defensiva de “Los Potros de Indianápolis”, el suegro de Sasuke era la primera persona que más se hacía notar en una habitación. No importa dónde. No importa cuándo. Él superaba a todos los demás. 

El padre de Sasuke se levantó y dio un paso adelante. No debería verse tan pequeño, pero así se veía, cuando estaban en la casa de los Hyuuga. Su padre no habló mientras le daba a Sasuke en el hombro un par palmaditas cariñosas antes de regresar a su asiento. ¿Cuántas personas le habían dado a él la misma recepción en el último año? Demasiados. Aunque el par de palmaditas cariñosas eran más de lo que muchos habían hecho. 

¿Era porque nadie sabía qué decir? Sasuke no podía ayudarles con eso. Algo que probablemente ellos quisieran decir y que él no quería oír. Es curioso cómo de similar se había vuelto a su padre desde el funeral. Desapegado. 

Desinteresado. Como si él fuera un sonámbulo por la vida. Sasuke siempre había odiado eso acerca de su padre. La única vez que había visto al hombre lleno de vida de alguna manera fue cuando él estaba en la secundaria y se había despertado a las cuatro y media de la mañana encontrando a su papá en la cocina, llenando un termo de viaje con café. El hombre se dirigía a su viaje anual de pesca y cacería. La forma animada en que le habló sobre sus planes mientras se servía el café no se parecía en nada al hombre que había conocido durante toda su vida. Y no volvió a ser así desde entonces. 


Sasuke también odiaba sentarse en la sala de estar de los Hyuuga. Sin importar lo que él llevara puesto, pensaba que estaba pisando suelo virgen —sobre los blancos muebles— cuando estaba sentado. La habitación olía a cera para muebles de limón, como siempre. No había desorden, ni siquiera el periódico del día anterior sobre la mesa del centro, ni montones de revistas o catálogos, sin adornos o recuerdos —nada significativo que reflejara la vida que se llevaba allí, era como una réplica pintada de la clase media-alta. La peor parte... no había ni una sola señal de que Hinata había existido alguna vez. No había fotos. No había regalos pintados a mano de sus años escolares. Ni siquiera el poema enmarcado que ella les había dado a sus padres cuando se había graduado de secundaria. Era como si nunca hubiera existido. Como si la hubieran borrado de su vida. 

Hikaru le ofreció una taza de café a Sasuke y le dijo: 

—Me alegro de que decidieras venir. 

—Por supuesto que quería venir con nosotros —dijo su mamá cuando ella se sentó en el sofá junto a su padre. 

Sasuke le dio a Hikaru la sonrisa más amable que pudo, y negó con la cabeza su ofrecimiento de café. Mejor no arriesgarse a tener algo en el estómago. Él escogió la antigua mecedera de madera para sentarse a varios metros de distancia de sus padres y de sus suegros. La mecedora crujió cuando se sentó. Hikaru saltó con el sonido, y Hiashi lo miró aireadamente. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Pedir perdón por sentarse? ¿Quedarse quieto? ¿No respirar? ¿No vivir? Nadie en la sala, dijo una palabra. 

Los Hyuuga no se movieron de nuevo, sus rostros eran tan severos como sus posturas. ¿De dónde venía el brillo y la alegría con la que vivió Hinata todos los días? 

El silencio se prolongó en la habitación, como si ninguno de ellos hablara el mismo idioma, y supieran que era más fácil no hablar en absoluto. El fuerte sonido de un quitanieves que pasaba por fuera sorprendió a Sasuke. 

¿Qué estaba haciendo allí? Rodearse de su ira y su dolor. Él había estado pisando las aguas de la desesperación por tanto tiempo, que el agotamiento se estaba apoderando de cada una de sus moléculas, por lo cual no tardaría mucho en hundirse en ellas, donde él nunca sería capaz de respirar —donde él nunca podría volver a vivir de la forma en que Hinata querría que lo hiciera. 

Su madre rebuscó en su bolso como si acabara de recordar algo. Ella sacó una foto y se la entregó a Hikaru.

—Es la misma que tenemos en nuestra sala de estar. He tenido la intención de traerte una copia para ti. 

—Oh —dijo ella, el sonido fue más como jadeo que una palabra—. Esto es... —Se mordió el labio inferior, y se estremeció cuando ella soltó—. Es precioso. Gracias. —Le mostró la foto a su marido. Hiashi se inclinó para mirarla pero no la tocó. Cuando él se acomodó hacia atrás, Hikaru colocó la foto en su regazo. Las lágrimas llenaron sus ojos mientras ella la miraba, y luego puso la foto en la mesa de café frente a ella como si no pudiera sostenerla un segundo más. 

Sasuke no quería ver esto. Saltó de la silla y fue a pararse frente al gran ventanal. La nieve fresca cubría el suelo. Brillaba y centellaba en los alrededores como si no hubiera nada malo en el mundo. Era casi hermoso. 

Casi. 

La nieve cubría toda la superficie: el césped, la barandilla del pórtico, el techo del vecino de enfrente, la tumba de su esposa que estarían visitando en breve. La nieve fría y pesada cubriría su cuerpo muerto, sin vida. Sasuke no quería ver eso. Pero no tenía otra opción. ¿Verdad? Siempre iba con sus padres y los Hyuuga. En el cumpleaños de Hinata. En su aniversario de boda. Todos los domingos durante los tres primeros meses después del accidente. Hasta que su padre le había dicho a Sasuke que era necesario que pusiera distancia de todo eso. Era curioso que precisamente fuera su padre el que hiciera eso. El hombre nunca iba en contra de los deseos de su esposa. Desde entonces no había vuelto a pensar en ello. ¿Había algo aquí que lo hacía volver a hacerlo? Probablemente no. Porque aquí estaban de nuevo. “Algo para conmemorar en este día”, su mamá le había dicho. Como si fuera algo que se le pudiera olvidar. 


La nieve que había caído durante la noche y la mañana se había acumulado en una capa de cuatro pulgadas de espesor. Y ésta aún cubría las aceras que bordeaban la calle, pero no el camino para peatones de los Hyuuga o su entrada. Sasuke no podía imaginarse a Hiashi quitando y levantando cargas de nieve con una pala. El hombre tenía el cuerpo para el trabajo físico, pero simplemente era algo que él no haría. Ellos tendrían contratado un eficiente servicio que lo haría a primera hora de la mañana después de cada nevada. Así es como la gente como los Hyuuga hacían las cosas. Para no hacer nada en absoluto. 

El silencio le crispaba los nervios a Sasuke. En cualquier momento ellos se pondrían en marcha. Estuvo a punto de contar los segundos. No habría llegado muy lejos. Y el ganador es... Hiashi Hyuuga. 

—Un año. Un maldito año, y ese hombre estará caminando por los alrededores como si nada hubiera pasado. 

Sasuke cerró los ojos apretándolos, cerrándose a la pintoresca escena de invierno delante de él. Las palabras ‘homicidio involuntario en accidente automovilístico’, resonaban en sus oídos como el cuarteto de personas a sus espaldas, así como los cargos, el acuerdo de culpabilidad y la condena de un hombre en quien Sasuke no quería pensar. 

¿Acaso no se daban cuenta que con hablar sobre eso no podían cambiar el pasado? 

Salió sigilosamente de la habitación y se dirigió a la cocina de los Hyuuga. Él había salido con Hinata desde los quince años, la había conocido desde que su familia se había mudado a la ciudad cuando tenía siete años. Él estaba tan familiarizado con el lugar como si fuera la casa de sus propios padres. Abrió la nevera, movió a un lado los huevos de animales criados fuera de jaulas y un paquete de queso y tomó una cerveza oculta en la parte de atrás. Arrojó la tapa de la botella sobre la mesa y se sentó, tragándose la cerveza en una serie de grandes sorbos. Y como nadie había venido por él, se sintió a gusto como para tomar otra. 


Abrió la puerta del gabinete bajo el fregadero para tirar la botella vacía en la papelera de reciclaje y se detuvo. El pulido cubo de basura de acero inoxidable sólo contenía una bolsa de basura limpia y blanca que olía a frutas cítricas. No un trozo de comida o un pedazo de correo basura. No una caja vacía de macarrones con queso o un fajo de pañuelos de papel usados. 

Nada. 

Como la primera vez. 

Hinata se había reído durante diez minutos antes de que ella se calmara lo suficiente como para decirle acerca de la necesidad obsesiva de su madre de tener todos los contenedores de basura de la casa limpios y oliendo a limpio cada vez que venían invitados. 

Esto no le había importado. Sasuke tan solo era un muchacho de quince años, que estaba allí para cenar, porque eso fue lo que los Hyuuga les habían exigido antes de que él y Hinata pudieran salir a una cita. Como cualquier adolescente tratando de llegar a tercera base le importaba un comino si la basura olía a limón o a café molido o a calcetines de gimnasia sucios. 

Sentado en la cocina de los Hyuuga, mientras se tomaba la cerveza, la risa de Hinata era tan real para él como lo había sido ese día. Su voz era tan cálida cuando ella dijo “Esa es mi madre. No hay nada desordenado en su casa”. Ella arrugó la nariz, esa acción siempre lo hacía sonreír. 

Si tan sólo esa cara, esa voz, esa risa, esos recuerdos lo consumieran hasta que él emergiera a un tiempo mejor —donde no supiera lo malo que le esperaba. 

Se tragó el último trago de su cerveza y susurró: 

—Te extraño. 

—Yo también te extrañé. —Itachi golpeó el hombro de su hermano con el puño de camino a la mesa y se sentó frente a él—. Pero tenemos que dejar de encontrarnos en reuniones como ésta. 

—Dímelo a mí. 

Itachi inclinó la cabeza hacia la cerveza vacía. 

—Realmente deberías dejar de beber cuando llegas a la parte donde empiezas a hablar con tu cerveza antes del almuerzo. 

—Tal vez si le dijeras a mamá, que ella te dijo que no quería que la recordaran de esta forma… 

—Uh-uh. Eso no lo puedo hacer. Sabes que cuando a mamá se le mete una idea en la cabeza, no hay forma de hacerle cambiar de parecer. — Itachi se levantó y tomó la botella de cerveza vacía de Sasuke. Abrió el mismo gabinete que él había abierto y tiró la botella a la basura en lugar de la papelera de reciclaje al lado de ésta. 


Las gotas residuales de la cerveza salpicaron la parte superior de la inmaculada bolsa mientras la botella rebotaba en los bordes y se abrió camino hacia abajo. A Hinata le encantaría esto. El hedor de la cerveza ensuciando la bolsa limpia y con olor a frutos cítricos para que su madre lo experimentara más tarde. 

Itachi balanceó la puerta del gabinete cerrándola y volvió a la mesa. 

—¿Konan vino contigo? —preguntó Sasuke. 

—Hoy no. 

—¿Ella sigue trabajando? 

—Sí. Ella dice que está bien ya que se sienta detrás de un escritorio todo el día. Ella no quiere marcharse hasta que... ya sabes. 

Sasuke asintió con la cabeza. 

—¿Todo va bien? 

—Sí. —Itachi siempre era tajante cuando hablaba sobre el embarazo de Konan. Sasuke deseaba poder decirle que estaba bien, pero realmente no lo estaba. Y ambos lo sabían. Él no quería oír hablar de fechas, citas médicas, o de ecografías. No quería pensar en bebés. 

Los padres de ambos se habían enojado cuando él y Hinata se fugaron para casarse seis meses después de terminar la preparatoria. Durante dos años, ellos se mantuvieron enojados. Hasta el día del accidente —el mismo día en que él y Hinata les habían anunciado que estaban a punto de comenzar a buscar un bebé. 

¿Quién iba a saber que ocho horas después, ese sueño sería aplastado al estrellarse su auto? 

—Entonces —dijo Itachi—. ¿Estás bien? —Su hermano le dio esa mirada demasiado familiar de compasión, mirada que le hacían todos los demás. Sasuke odiaba esa mirada. Él prefería cuando Itachi le daba sugerencias acerca de salir y tener citas. Al menos sonaba más normal que las conversaciones de los Hyuuga y sus padres. 

—Estoy bien. —Se encogió de hombros—. No me han despedido. 

—Eso es un logro. 

Sasuke se reía y trató de hacer una broma de ello, pero no había ninguna broma para ser encontrada. Ambos se miraron fijamente sentados ante la mesa. ¿Habría siempre temas que él y su hermano tenían que evitar? ¿Siempre habría una distancia entre Sasuke y todos los demás en su vida? Itachi se rascó la barriga que se le había estado formado al igual que el vientre redondeado de su esposa. 

—Mamá me dijo que probablemente volverás a la escuela. 

Sasuke resopló. 

—No. 

—Ah. Ilusiones. Pero podría hacerte bien regresar a ella. 

—Tengo que trabajar. 

—No. —Itachi se inclinó hacia adelante y lo señaló con el dedo—. Necesitas tener sexo, hermanito. 

Sugerencias juguetonas acerca de tener citas eran otra cosa. Lo hacía sentirse normal, lo hacía sentirse parte del mundo. Y ellos no podían ignorar eso. ¿Sexo? Esa era una historia diferente. Tristemente al desaparecer su esposa, también lo hizo su erección, estaba enfermo de que su propia mano, no pudiera encenderlo. La libido de Sasuke estaba enojada. Había estado teniendo sueños. Largos y detallados sueños eróticos. 


Si Itachi supiera con lo que soñaba, ¿seguiría sugiriéndole que tuviera sexo? ¿Querría él saber que su hermanito soñaba con otro hombre de rodillas frente a él haciéndole una mamada? ¿Otro hombre como el extraño que Sasuke había visto fuera de la taberna Akatsuki la noche anterior? 


La experiencia de Sasuke en la vida real con otros hombres se limitaba a la época en que tenía diecinueve años y él había conducido cincuenta minutos hasta Suna, a un bar gay llamado Fort Way, donde nadie lo conocía, donde él podría entender lo que quería después de un mes de pajearse mientras pensaba en Daisuke Takashi, el capitán del equipo de atletismo de su escuela. Sasuke había entrado en el bar, con el anillo de bodas de Hinata en el bolsillo, decidido a demostrarse que todo se trataba de un error. 



La noche transcurrió sin incidentes, pero confirmó lo que siempre había sospechado. Aunque esto no le impidió proponérsele a Hinata. Él se sentía más atraído hacia ella que por alguno de esos hombres en el bar. Él se grabó en su frente mentalmente la etiqueta de bisexual, y siguió adelante con la propuesta de matrimonio. Además se había hecho una promesa silenciosa mientras regresaba a casa. Él le sería fiel a ella por el resto de su matrimonio —por el resto de su vida. 

Él esperaba que durara algo más de dos años. 

Y ahora que ella se había ido... él no podía ir allí. 

¿Podría hacerlo? 

—Estás demasiado tranquilo —dijo Itachi—. Tú solías hablar todo el tiempo. Haciendo incesantes preguntas. Ahora, nada. 

—Lo siento. 

—No. Antes me volvía loco lo mucho que hablabas. —Itachi se reía. Apoyó los codos sobre la mesa, y su expresión se tornó sombría—. ¿Estás teniendo problemas con las facturas? 

—Algunos —Itachi era la única persona ante la que Sasuke admitiría eso—. Casi no pude pagar la hipoteca el mes pasado. —No podría perdonarse a sí mismo si él perdiera la casa. 

—Tienes el dinero de… 

—¡No! Te dije, que no. 

Itachi levantó la mano. 

—Está bien. Déjame que te preste… 

—No —más suave, Sasuke añadió—: Tengo que conseguir arreglar mi propia mierda. 

—¿Y cómo piensas hacer eso? 

Sasuke dejó que una sonrisa se construyera. 

—Encontrar al hijo de puta y golpearlo hasta que apague las luces. 

—Ahora hablas como mamá. 

Genial. Eso era justo lo que necesitaba Sasuke. Cuando mamá hablaba de Namikaze parecía una loca. 

—No creo que se quede por aquí —agregó Itachi. 

—¿Qué quieres decir? 

—Toda la comunidad sabe lo que pasó. De ninguna forma un hombre se va quedar en un sitio sabiendo el abuso que le espera. 

Finalmente los padres en la habitación contigua se habían calmado. La diatriba sobre lo que había hecho Namikaze y el barullo subsiguiente había durado más de lo habitual. Una voz extraña se filtró en la cocina. 

~... Sobreviviendo su marido Uchiha Sasuke.~

—¿Qué demonios? —saltó a Itachi, las patas de la silla rastrillaron el piso cuando chocó sus piernas y su espalda contra ella—. ¿Lo están viendo de nuevo? 

—¿Cómo? —Eso era más de lo que Sasuke podría tolerar. 

—Mamá les dio una copia cuando se emitió por primera vez. 

Sasuke se levantó y se movió un par de tambaleantes pasos alejándose del sonido de la TV. 

—Debo ir al baño. —Nunca había visto las noticias acerca de la sentencia y tampoco había estado allí ese día. 

—Tal vez deberías ir y verlo —dijo Itachi—. Él dijo unas cosas para nosotros ese día y tú nunca las has escuchado. 

Sasuke se detuvo en la puerta.

—No es necesario. —Salió de la habitación y esperó varios minutos después de terminar en el cuarto de baño antes de ir hacia la sala de estar. Una historia en las noticias locales no podía durar tanto tiempo. Lo harían sólo si la hubieran repetido varias veces. No estaban tan obsesionados. ¿O sí? 

La televisión estaba encendida, pero sólo un comercial se veía en la pantalla. Sasuke se quedó inmóvil mirando cómo una lata de ambientador cantaba sobre la primavera mientras rociaba una esencia de flores a una nariz. Escuchó su propia respiración. Era un proceso lento y uniforme. Tal vez evitar a Namikaze Naruto fuera la mejor opción. 

Los padres de Sasuke y los Huuga seguían mirando la televisión y no se escuchaba ni un suspiro por parte de ellos desde que entró en la habitación. No parecían estar respirando. No parecía haber nadie. ¿Era él el único que estaba vivo? El ambientador dejó de cantar. Hyuuga Hiashi se levantó y caminó pesadamente hacia la televisión y la apagó con un golpe. 

—Seis jodidos meses. 

—Hiashi, por favor —dijo Hikaru. 

Su padre miró a Sasuke como si acabara de darse cuenta de que se les había unido. 

—Por lo menos, le prohibieron competir. 

¿Se supone que eso debería ser un consuelo? 

—Al igual que eso es suficiente —dijo su mamá—. Gracias a Dios que apelamos el acuerdo de culpabilidad, o puede que ellos no le hubieran hecho pagar nada en absoluto. 

Sasuke pasó junto a su hermano rumbo a ver de nuevo la imagen en el ventanal. Tomó una respiración profunda, la dejó escapar, y repitió el proceso, esperando a que se sintiera natural. Todo el mundo estaba hablando a la vez, voces exaltadas. La ira invadió la estéril sala de Hyuuha Hikaru. Sasuke no estaba seguro de quién dijo qué, pero sus comentarios llenaron su cabeza. 

—Bastardo, probablemente siempre conducía así. 

—Un día de estos va a matar a alguien más. Espera y lo verás. 

—Una multa y seis meses en la cárcel. Y eso es todo. 

¿No estaba esta parte terminada? Se suponía que ellos querían hacer de este día algo especial. 

Él debería irse, salir por la puerta y hacer cualquier otra cosa —en cualquier otro lugar. Apretó los puños. Él quería que dejaran de hablar sobre el accidente, sobre Namikaze, sobre todo esto. Sólo quería que dejaran de hablar. 
Si pudiera ver una muestra de su amor por Hinata, de parte de sus padres o de los de ella, entonces él se habría preocupado más por su dolor que por el suyo, pero todo iba del mismo modo en que siempre lo hacía. Hablaban sobre la injusticia del sistema legal y que las sanciones en estos casos no eran lo suficientemente fuertes y al mismo tiempo en que sus voces iban en aumento, la rabia se iba formando. Todo este tiempo su corazón había estado dolorido y ninguno de ellos se había dado cuenta. 

¿Cuáles eran las etapas del dolor? ¿Y cuándo todo el mundo se movería a la siguiente? 

—¡Alguien debería matarlo! 

Sasuke se dio la vuelta. Eso era algo nuevo. Su madre estaba de pie, todo su cuerpo temblaba. Empujó a su esposo lejos de ella. 

—Él tiene que sufrir y morir como ella lo hizo. No deberían permitir que recuperara su vida nuevamente. 

¿Acaso había perdido la razón? Hinata la hubiera odiado solo por pensar eso. Su padre se acercó de nuevo a su mamá. Él puso un brazo alrededor de sus hombros y trató de llevarla de nuevo al sofá. 
Ella lo ignoró y le dijo: 

—Él ha arruinado la vida de Sasuke. Ha arruinado nuestras vidas. Ellos iban a tener un bebé. Él debería estar muerto. 

¿Muerto? ¿Era su pena la que la tenía fuera de control? 

—Fue un accidente —susurró Sasuke. 

Cinco cabezas se giraron hacia él. 

Ellos se le quedaron mirando como si lo que acababa de decir fuera algo inconcebible, como si lo que acababa de decir no tuviera sentido y las palabras de su madre fueran las únicas racionales. 

¿Por qué él había dicho algo en absoluto? Estaba enojado, afligido. Al igual que ellos. 

—Un accidente que él causó. —Su madre señaló con un dedo hacia la televisión—. No importa lo que ese hombre nos dijera, él no tiene ni la menor idea de lo que nos quitó. 

Ella estaba en lo cierto. ¿Cómo puede alguien conocer a Hinata? No de la forma en que Sasuke lo había hecho. 

—Mikoto, para. —Su padre se movió interponiéndose entre ella y Sasuke—. Hijo, necesitas enfrentarte a tu pérdida, enfrentarte a lo que estás sintiendo, incluyendo tu rabia hacia ese hombre. 

Su madre empujó a su marido a un lado. 

—¿Enfrentarse? Fugaku Uchiha, esto no va a desaparecer. Su esposa murió. Ni siquiera pudo criar a sus hijos. 

Él no podría nunca superar esto. ¿Quién podría?

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