martes, 25 de agosto de 2015

[Fan Fic´s] BREATH

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Nombre Original: BREATH.
Autor/a: SLOAN PARKER.
Basado en: NARUTO.
Adaptación de: CIEL RITSU.
Pareja: NARUTO X SASUKE.
Genero: YAOI, DRAMA, SUSPENSO.
Estado: ACTIVO.
Capítulos en total34.
Pagina de la adaptadora: Amor Yaoi
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BREATH 
Capitulo 2: Comienzo.



La casa de Deidara estaba a oscuras cuando ellos se detuvieron en el camino de la entrada, y Naruto dijo: 

—Supongo que me perdí de los niños. —«Maldición». Escuchar sus voces en el teléfono no había sido lo mismo. 

—Yo les dije que se fueran a la cama. Ellos te verán mañana. 

—Él apagó el motor, y se dirigieron a la casa en silencio. 
Deidara abrió la puerta principal, y Hashi saltó como una bala de cañón hacia ellos. El chucho negro de gran tamaño no ladró, pero chocó sus patas contra el abdomen de Naruto saludándolo. 

—¿Él ha ganado peso? 

—Creo que los niños lo han estado alimentando con comida chatarra, mientras estoy en el trabajo. —Su hermano sonrió, pero sus ojos no se unieron a la expresión. Un doncel trabajador con dos puestos de trabajo significa un montón de noches en la que sus hijos se quedan solos en casa. 

Naruto le dio unas palmaditas en la cabeza a Hashi y suspiró cuando el perro salió corriendo por el pasillo. Se acercó al sofá de la sala de estar. Era el mismo sofá en el que había dormido durante los largos meses entre el accidente y el comienzo de su tiempo en el Centro Carcelario de Suna. El mueble de segunda mano había sido incómodo para su espalda en aquel entonces. Pero después de meses en lo que sólo podría ser descrito como una losa de metal con un colchón del grosor de una manta, el sofá era una vista agradable. El agotamiento de la larga jornada se estrelló contra él. La espera por su libertad toma mucho de un hombre. Ellos lo habían liberado al final del día, y a pesar del tiempo que le llevó firmar el papeleo administrativo y llegar a la parada de autobuses, aún tuvo que esperar el último autobús, que calculaba lo dejaría justo a tiempo cuando Deidara terminara con su turno de la tarde. 

Dejó caer su maleta de lona y la bolsa de papel con los cigarrillos y el whisky en el sofá. 
Deidara negó con la cabeza desde donde se había detenido en la entrada del pasillo que conducía a las habitaciones. 

—Te hice algo de espacio en la habitación de Ryu. 

—Yo estaré bien en el sofá. 

—Eso fue sólo por un par de meses. Yo esperaba... creí que habías dicho que te quedarías con nosotros. 

Tomó sus cosas. 

—Lo haré. —Y mientras la seguía por el pasillo le dijo—: Simplemente no quería incomodar a nadie.  

—Ryu estará bien con su hermano. —su hermano abrió la última puerta a la izquierda, y Naruto entró en el pequeño dormitorio. Una habitación de niño. Una cama pequeña. El escritorio de un niño en donde él nunca sería capaz de encajar sus rodillas. Un aparador que tenía los tornillos sobresaliendo en donde debían haber estado las perillas. Figuras de acción y a medio construir de LEGO apilados al lado del escritorio como si alguien hubiera arrastrado los pequeños tesoros hasta allí con una escoba para despejar el camino hacia la cama. Un puf verde en la esquina rodeado de autos de juguete, camiones de bomberos, y tanques del ejército, cada vehículo prolijamente alineado para formar un arco alrededor de la pelota de trapo gigante, apuntando hacia afuera como para proteger a la silla de los visitantes no deseados. Naruto sonrió. Nunca se sentaría en la silla. Sería un infierno levantarse de ella. Pero le parecía un lugar cómodo para emborracharse y perder el conocimiento. 

Encogiéndose de hombros se quitó la chaqueta y la colgó de la parte posterior de la silla del escritorio. La silla se tambaleó, meciéndose con indecisión, como si no pudiera soportar el peso de la chaqueta de cuero. 
Por primera vez desde que Naruto había dejado la cárcel, el aire frío le llegó con fuerza, y se estremeció. 

—¿Está encendida la calefacción? 

Deidara estaba en la puerta. 

—El termostato no está bien. Sigo teniendo que subirlo hasta ochenta y cinco para obtener algo de calor. 

—Lo revisaré mañana. —También revisaría la puerta corrediza del cuarto de la lavadora por la que habían pasado en el pasillo. Estaba torcida, la bisagra plástica estaba partida en dos. 

—Gracias. —Él se quedó en la puerta como si no debiera estar dentro de la habitación. Lo que era una tontería. Esta era la casa de su hermano, no la de él. Había dejado su casa el día en que fue detenido y no había vuelto a dar ni un solo paso dentro de ella desde entonces. 

Esto lo golpeó de repente. Qué diferente iba a ser su vida ahora. Nunca se volvería a sentar en su sillón reclinable de nuevo. Nunca volvería a ver TV en su pantalla gigante. Nunca volvería a conducir su auto de carreras. Nunca volvería a hacer el amor en su cama. Había un montón de cosas que nunca volvería a hacer. 


Él se quedaría en una habitación de tres por tres metros que le había usurpado a su sobrino de diez años de edad. Se sentó en el borde de la cama y se echó a reír cuando al retirar las mantas encontró las sábanas y la funda de la almohada de los robots metálicos de la película Transformers. 

Deidara no se reía con él. Probablemente su falta de humor tenía que ver con lo que él sacó del bolsillo de su falda y que colocó sobre la colcha. Él desplegó los papeles y los miró por un momento antes de que se los entregara a él. 

—El seguro que te mencioné. 

Resopló cuando él lo miró. 

—No es barato. 

—Fue el único que… 

—¿Tomaría a un hombre que mató a alguien? 

—No digas eso. —Deidara apartó a un lado el flequillo rubio que estaba pegado en su frente—. Ellos dijeron que podrían asegurar todos los vehículos que tuvieras a excepción de tu auto de carreras. 

Naruto levantó una mano—. Sí. Lo entiendo. 

—Si lo quieres firmar, lo enviaré por fax en el trabajo. Dijeron que la cobertura puede empezar mañana mismo. Tomó la pluma de Deidara y firmó el contrato. 

—¿Iré a algún lado? 

—Hablé con Nagato como me lo pediste. 

Le entregó los papeles a su hermano. 

—¿Y? 

—Él dijo que vendría mañana después del almuerzo. No puedes conducir un montacargas, pero ellos tienen algún trabajo manual en el almacén. Él podría tenerte en la nómina dentro de una o dos semanas. 

—Gracias. 

—¿Se puede ganar buen dinero allí? 

—Nagato dice que está bien. —Naruto trató de mirarla a los ojos, pero él no lo miraba—. ¿Deidara, estás en problemas? 

—Estoy atrasado en los servicios públicos. —su hermano quitó su obstinado cabello de la frente otra vez—. Ellos me están amenazando que van a desconectar el teléfono. Y la electricidad. 

—Estamos a mitad del jodido invierno. Y tú tienes niños viviendo aquí. ¿Les dijiste eso? 

Él se encogió de hombros como si eso no la estuviera molestando. Correcto. Tenía que conseguir el trabajo con Nagato. 

Se levantó y se acercó a su hermano, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros. Él dejó caer la cabeza sobre su pecho, por ser más alto que él. Si hubiera estado en casa, él se hubiera dado cuenta de la cantidad de problemas en los que Deidara estaba. Él hubiera sido capaz de evitar que su imbécil cuñado le volviera a poner una mano encima. 

—Te voy a ayudar —dijo—. No te preocupes por eso. 

—Me alegro de que estés en casa. Y no es por el dinero. —Respiró profundamente, y luego habló más suavemente—. Te extrañé. Me alegro de que te vayas a quedar. 

Él le hizo cosquillas en los costados. 

—¿Tú no me vas a echar cuando me encause? —Él se marcharía en un instante si su hermano quisiera que se fuera. No sería una carga para él. 

Deidara se reía y se alejó de sus cosquillas. La sonrisa en su rostro sacó la suya. Podría jurar que sus mejillas crujieron con la expresión. No había sonreído desde que se había dado cuenta que la vida que había conocido había terminado hacía ya un año. 


Su última sonrisa fue la mañana del accidente, en la ducha mientras miraba a Gaara de rodillas ante él. Gaara le había hecho una broma tonta, y la mirada traviesa en sus ojos se burlaba de Naruto, al mismo tiempo que la lengua del hombre giraba sobre la corona de su pene. Él le acariciaba la mejilla a Gaara con el pulgar mientras el hombre a sus pies le daba una mamada, la última mamada que él había tenido desde entonces. 

Naruto decidió alejar de su cabeza la imagen. 

Él debería tener sexo con alguien como el chico que había visto fuera de la taberna Akatsuki. 

No!. Konoha no era el lugar adecuado para un simple polvo o una mamada. Esperaría hasta que pudiera hacer el viaje de cincuenta minutos a Kiragure. 

O tal vez esperaría un poco más. No se sentía bien como para eso. No todavía. 

Vio tres cajas apiladas delante del armario. Se acercó a ellas y pateó la caja inferior. 

—¿Son mis cosas? 

Deidara asintió con la cabeza. 

—Él las trajo hace un par de semanas. Hay más en el garaje. 

Naruto gruñó. 

—Me preguntó por ti. Quería saber cómo te estaba yendo. 

—No quiero hablar de él. 

—Él quería estar allí para ti en la lectura de cargos, en la sentencia, y en todo lo demás. Pero tú lo apartaste y eso no fue justo. 

—Él siguió adelante. 

—Pero él no te ha olvidado. Nunca le diste la oportunidad de terminar al hombre. 

—Él ya debe tener su pene en otra persona. —Naruto se tiró en la cama—. Yo diría que está sobre él.  

Deidara se movió sobre sus pies, con su atención fija en sus zapatos hasta que él habló. 

—Tienes que dejarlo ir, Naru. Date el permiso para olvidar lo que pasó. Y seguir adelante. 

—Eso intento. 

—Perdónate a ti mismo. 

Pero eso él no lo podía hacer. 


Deidara estaba en silencio otra vez hasta que lo miró. Él añadió: 


—Tienes la oportunidad de empezar de nuevo. 


—¿Pero me lo merezco? 

Su hermano se acercó a la cama y le dio un beso en la parte superior de la cabeza. 

—Te lo mereces. Y algún día serás capaz de aceptar eso. —Cerró la puerta detrás de ella antes de que pudiera discutir. 

No debería haber dicho nada acerca de lo que se merecía o no se merecía. Deidara no tenía por qué lidiar con su sentimiento de culpa encima de todo lo demás. Él se quitó las botas y se tendió en la cama. Sus pies sobresalían fuera del final de la cama, el dorso de los tobillos quedaban apoyados en el borde del colchón. Se sentó y se apoyó en la cabecera de la cama, agarró la bolsa marrón y sacó una botella de whisky. 

Tal vez con el suficiente, podría cerrar los ojos y no ver a la mujer de cabello azabache destrozada, y tendida sobre el pavimento de la carretera estatal 91, con su jersey verde empapado de sangre y su cuerpo completamente inmóvil, demasiado inmóvil. 

Tal vez podría olvidar el error más grande de su vida.
Firma 100% Original

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