martes, 18 de agosto de 2015

[Fan Fic´s] BREATH

Ficha Técnica
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Nombre Original: BREATH.
Autor/a: SLOAN PARKER.
Basado en: NARUTO.
Adaptación de: CIEL RITSU.
Pareja: NARUTO X SASUKE.
Genero: YAOI, DRAMA, SUSPENSO.
Estado: ACTIVO.
Capítulos en total: 34.
Pagina de emisión: Amor Yaoi
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BREATH 
Capitulo 1: Inicio.

“Espero que hayas encontrado algo de paz en la cárcel. Porque nunca más la volverás a tener”. 

Naruto Namikaze leyó la carta una vez más y aplastó el papel en su puño. El autobús se sacudió hacia adelante, y se detuvo. No había necesidad de comprobar. Él estaba en casa. El olor del estiércol de cerdo con que abonaban las tierras de labranza circundantes y del acero ardiente de la única planta que lo fabricaba en su ciudad natal penetraba por una grieta del vidrio de la ventana al lado de su asiento. Era curioso cómo él no podía sentir lo fresco del aire invernal a través de esa grieta. 


Tal vez nunca volvería a hacerlo. 



Metió la nota arrugada en su maleta de lona, se levantó y se dirigió a la parte delantera del autobús. La cárcel no estaba lejos de Konoha, pero no había querido que Deidara lo esperara afuera. ¿Quién sabe qué clase de gente se escondía en las afueras de una cárcel? 

Se reía de eso. ¿De quién podría tener miedo? ¿De hombres como él? 

Seis meses en la cárcel del condado. Sus compañeros de celda y los guardias probablemente pensaron que él era el peor de todos ellos. Había pasado más días allí que la mayoría de los tipos que iban y venían. Algunos pasaron algo de tiempo en la penitenciaría estatal. 
Sin embargo, ahora la cárcel había quedado en el pasado. 

Todo había terminado. ¿No? 

No de acuerdo con la —carta de amor— que había escondido en su maleta. 

Se bajó del autobús. El conductor cerró la puerta y se alejó tan pronto como las botas de Naruto golpearon el pavimento. No es de extrañar. La mayoría no quiere quedarse alrededor en una ciudad con apenas tres semáforos. Pero Naruto lo hizo. Había un montón de razones para estar allí. Una gran cantidad de razones por las cuales nunca se marcharía. 
Paredes de plástico descolorido rodeaban el banco de la parada de autobús, tenía grietas en los tres lados y estaba cubierto de un lodo que ningún tipo de limpiador industrial como el que había usado en la cárcel tendría la fuerza suficiente como para quitarlo. Nadie podría esperar dentro del recinto, sin importar cuán desesperados estuvieran por un autobús que los sacara de Konoha.


Pero él comprobó de todos modos. La superficie de la descolorida madera del banco estaba llena de astillas. Si alguien se sentaba allí, conseguiría un culo lleno de pequeñas astillas de madera. No era la mejor manera de viajar en el autobús. Konoha era tan malditamente insignificante, probablemente ninguna de las autoridades de transito estatal daban ni una mierda por el mantenimiento de la parada de autobuses de un pequeño pueblo localizado en el punto más alejado de la ruta de los autobuses de la comunidad periférica. 



«Hogar, dulce hogar». 


—¡Naruto! —Deidara cruzó el estacionamiento detrás del banco, agitando los brazos en el aire, una sonrisa se dibujó en su rostro. Él aceleró el paso. Naruto hizo lo mismo y lo abrazó cuando se encontraron. El abrazo le recordó a su mamá, le recordó a la 
única persona en el mundo que lo amaba. Él lo apretó más fuerte. 

—Deidara, no puedo respirar. 

—Oh, lo siento. —Él lo soltó y dio un paso atrás. Llevaba un uniforme de camarero de color marrón y naranja, llevaba esos pesados zapatos de enfermera, diseñados especialmente para ser cómodos y durables. Los de él estaban sucios, por ninguna parte se veía el blanco que debió haber sido cuando estaban nuevos, además parecían estar en su etapa final. Por lo que creía que ya no le daban mucha comodidad. Su cabello rubio revuelto cayó de la cola de caballo en varios lugares. Agotado. Su hermano mayor estaba trabajando hasta morir. 

A pesar de ello, sus ojos brillaban al verlo. La sonrisa era también un recordatorio de su madre. 

—Te he extrañado —dijo. 

—Yo también te extrañé. 

—Me hubiera gustado que me hubieras permitido visitarte. ¿Era tan malo? 

—No, estuvo bien. —No había necesidad de contarle que la horrible comida olía a jabón, del hedor de los internos que no se bañaban y con quien compartía su misma celda, de la falta de privacidad, de las infinitas barras de metal y pisos de concreto que lo rodeaba, o de las innumerables grietas en su efímera carrera como piloto de corta duración de los „Two Good Ol 'Boys’ que lo había hecho famoso. 

Él había odiado cada minuto de su tiempo allí. 

Y sabía que se merecía algo mucho peor. 

—Vamos. Me estacioné aquí. —Él inclinó la cabeza hacia la izquierda y señaló hacia el vehículo que había conducido. Su camioneta pickup de color negro. La maldita cosa parecía enorme en el terreno baldío. 

Había extrañado su camioneta. También la odiaba con todas sus fuerzas. Como si la culpa fuera de la camioneta. 
Deidara se había estacionado junto a la heladería del condado, con un stand de helados a cargo de los Drake, la pareja de ancianos habían sido los dueños del lugar desde que Naruto era un niño. Cada invierno ellos la cerraban y se dirigían al sur para visitar a sus nietos en Texas. 
Una ventana abierta cerca del contenedor de basura no tenía algunas de las tablas de madera. Era la misma ventana que había usado la primera vez que tuvo relaciones sexuales con Utakata durante su segundo año de escuela secundaria. Era bueno saber que algunas cosas nunca cambiaban. 

—¿Quieres conducir? —preguntó Deidara. 

Su sonrisa se desvaneció. 

—No. —Naruto jaló la puerta del lado del pasajero, lanzó su bolsa dentro, y se sentó. 

Por otra parte, a veces, todo cambiaba. 

Deidara se deslizó en el lado del conductor y arrastró el asiento hacia adelante hasta que sus pies tocaron los pedales. 

—Lo siento. Pensé que tal vez querías. No la he probado, desde que volvió del taller de reparaciones. 

Apoyó el codo en el reposabrazos de la puerta y miró por la ventana lateral. 

—No puedo. Tengo restringido hacer trabajos pesados. Solo ida y vuelta. Eso es todo. 

Se dirigieron en silencio, la oscuridad que los rodeaba en la cabina, el sonido de la calefacción de la camioneta llenaba el vacío de preguntas sin respuesta hasta que él no pudo soportar no saber. 

—¿Él te pegó otra vez? 

Naruto no hubiera podido verlo asentir ligeramente si no fuera por la débil luz de la pantalla del tablero de mandos. Deidara se apartó de él como si estuviera controlando el tráfico en la intersección siguiente. 

—¿No llamaste a la policía? 

—¿Debía hacerlo? —preguntó. 

—Joder, sí, tenías que hacerlo. —Naruto apuñaló el seguro de la puerta con dos dedos. Bloqueó. Desbloqueó. Bloqueó. Desbloqueó. Tomó una respiración profunda y soltó el botón. Deidara no necesitaba que él se comportara como un imbécil—¿Cuándo regresó? 

—El viernes después de que te fuiste. 

—¿Cuánto tiempo se quedó? 

—Hasta hace un par de semanas. 

—¡Jesús, Deidara! 

—Yo lo necesitaba… no podía pagar las cuentas del hospital sin él, o el medicamento de ella sin el seguro. 

—Bueno, ahora tú podrás. Tan pronto como consiga un nuevo empleo. —Ahora tendría que cuidar de su hermano como él debió haberlo hecho durante los últimos seis meses. Si él hubiera estado allí, Sasori no habría tenido la oportunidad de hacerle daño—. ¿Se ha ido para siempre? 

Él no respondió. 

—¿Por qué no? 

—Él dejó algunas de sus cosas. 

—Es mejor que me avises cuando aparezca. —Le haría recordar al idiota cómo es que debería cuidar de su familia—. ¿Los niños están bien? ¿Él les hizo…? 

—¡No! —Su tono de voz estaba a la defensiva, y él le lanzó una mirada de enojo antes de que se enfocara en la calle desierta delante de ellos. No debió haberle preguntado eso. Deidara no dejaba que nadie les hiciera daño a sus hijos. 

Cuando su hermano volvió a hablar, su voz estaba bajo control, más coloquial. —¿Podrías quedarte con Ryu y Akemi mañana después de la escuela? Sora tiene práctica de baloncesto. —Más suave, añadió—: Ellos han estado solos en casa mucho últimamente. 



Miró por la ventana hacia afuera, a la oscuridad, y dijo: 


—Voy a estar allí. 

A una cuadra Deidara se detuvo en una señal de alto junto al Centro Nocturno Plaza Paraíso —el hogar de la única gasolinera abierta toda la noche, de la única tienda de autoservicio del pueblo, una tienda de alquiler de películas, y la taberna Akatsuki. 

Naruto se sentó más alto. 

—¿Podemos hacer una parada? Necesito cigarrillos. 

—Naruto!... 

—Dejaré de fumar nuevamente. Sólo necesito un paquete para lograr pasar a través de la transición. 

Él suspiró y retrocedió hasta el estacionamiento de la plaza. Las luces de neón anunciando un cajero automático, billetes de lotería, y la cerveza le habían hecho protegerse los ojos con el dorso de su mano. No había luces de neón en la cárcel. Sonaba como el título de una canción de música country. Algo que sus admiradores habían maldecido de su equipo de sonido del auto que conducía en las carreras en las noches. Tomó la manija de la camioneta, pero la voz de su hermano lo detuvo. 

—No fumes cerca de los niños, ¿de acuerdo? 

Abrió la puerta y dijo: 

—Tú sabes que no lo haré. 

—O en la casa —le dijo Deidara a través de la ventanilla lateral mientras él caminaba hacia la tienda. 

Naruto se despidió de él haciendo un movimiento de la mano y abrió la puerta de la tienda de autoservicio. Un joven pasó por el frente de la tienda, con las manos metidas dentro de los bolsillos, con la cabeza hacia abajo como si tuviera que ver cada paso que daba. Naruto se detuvo en la puerta. 

Genial apariencia la de ese chico. Buen cuerpo. 

El chico se dirigió a la taberna Akatsuki. 

Genial culo también. 

«Joder». Naruto había estado alejado demasiado tiempo. No era una buena idea, dejarse sorprender por los hombres heterosexuales en las calles de Konoha. Pero... el chico se había detenido, con la mano en la puerta principal de la Taberna Akatsuki, con la misma postura congelada de Naruto. 

Tenía su mirada fija en él, su boca entreabierta y los ojos demostraban un hambre que Naruto conocía muy bien. 
La puerta de la Taberna Akatsuki se abrió de golpe hacia el exterior, casi golpeando al chico en la frente, y salieron dos tipos. El chico se quitó de su camino, luego se deslizó en el interior, con la mirada en sus pies otra vez. 

El cuerpo de Naruto le gritó para que lo siguiera. Él lo ignoró y entró en el autoservicio. 

¿De qué era esa mirada? ¿Algo…? 

No importaba. 

Pasó por el mostrador de los cigarrillos y encontró lo que realmente había querido —una botella de Whiskey. Agarró dos por si acaso. 

....~~*~~....

—Sasuke, ¿me has oído? 

La puerta de entrada de la taberna Akatsuki se abrió de golpe, y el condenado aire frío del invierno entró. 
Otro hombre podría haber elegido un taburete lejos de la entrada. No Uchiha Sasuke. El frío no le molestaba. ¿Por qué era así?, porque él ya estaba entumecido. 

—Dejaron libre al hijo de puta hoy —la voz de su padre irrumpió a través de la bruma del alcohol—. Seis meses y ahora está... —Él se fue apagando. 

Sasuke dejó caer la cerveza que había estado cuidando durante los últimos quince minutos en el bar. La botella traqueteaba y se mecía, la espuma saltaba por todos lados, las gotas del preciado líquido se derramaron. No se molestó en rescatarla. Acabaría pidiendo otra tan pronto como su padre se fuera, al igual que planeaba hacerlo por las próximas dos horas. 

—Tu madre aún quiere freírle el culo, y él sale el día antes... —Su padre se interrumpió a mitad de la frase otra vez. Tal vez él siempre lo hacía. Por lo general, la mamá de Sasuke estaba allí para terminar la frase. 

—¿Hoy? —preguntó Sasuke. 

La mirada que su padre le dio fue cómica —como si algo pudiera hacerlo reír de nuevo— como si su padre pensara que era un deficiente mental, de alguna manera. Tal vez lo era. 

¿Cuánto una persona tiene que beber antes de que las células del cerebro se extinguieran? 

—Es probable que ya esté en el pueblo. 

«¿En Konoha?» ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que Sasuke se encontrara cara a cara con ese hombre? Él inclinó la cabeza. Eso era todo lo que podía hacer. Seis meses de cárcel y el hombre que mató a su esposa recuperaba su vida de nuevo. Él trabajaría, viviría y amaría. Y Hinata se estaba convirtiendo en polvo en la tierra. Sasuke nunca podría tener su vida de nuevo. Nunca tendría nada. 

La puerta se abrió de nuevo, y un par de risas flotaban entre quienes acababan de entrar en el bar. ¿Por qué demonios estaban tan contentos? 

Tenía que salir de allí. Escapar. Escapar de todo. 

—¿Por qué no vienes a quedarte en nuestra casa esta noche? —dijo su padre—. Puedes dormir en tu antigua habitación. Entonces, todos iremos a visitar el cementerio mañana. 

El baño. Tal vez si él no salía de inmediato su padre se podría hacer una idea. 
Sasuke se levantó, y el peso de su cuerpo resultó ser demasiado para sus inseguras piernas. Él se sentó de nuevo en el taburete de la barra. Las cervezas —la que había bebido rápido y la que apenas probó— lo habían golpeado duro, pero la noticia acerca del destino de Namikaze Naruto había terminado el trabajo. Todo había terminado. 

Excepto que no lo estaba. Jamás lo estaría. 

Su padre le puso una mano sobre su espalda. 

—¿Hey, Kisame, nos das una taza de café? 

—Por supuesto —dijo el camarero. Cuando regresó con la taza de café, agregó—: Él ya ha bebido suficiente. 

—Puedo imaginármelo. —El padre de Sasuke jaló el café para acercarlo. 

El olor le revolvió el estómago a Sasuke. Nada le olía bien. Nada le sabía bien tampoco. ¿Qué había comido la última vez? ¿Y cuándo? Probablemente por eso la cerveza no era una muy buena solución. 

Su padre le hablaba de nuevo. ¿Acaso es que no entendía? La última cosa en el mundo que Sasuke quería hacer era renunciar a la cerveza y enfrentar que el castigo de Namikaze había terminado. 



—Tú deberías venir mañana —dijo su padre—, así podrías dar cierre a esto. 


¿Cierre? No había suficiente cerveza para eso. 

Solo hay una cosa que le daría el cierre a Sasuke. Enfrentar finalmente a Namikaze, mirar al hombre a los ojos, haciéndole comprender lo mucho que tuvo en el mundo, haciendo que Namikaze Naruto sufriera. 

Eso sería el cierre. 



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